Tempus fugit

   En las ciudades la vida pasa muy deprisa. Los días duran menos y lo ocurrido hace muchos años parece que sucedió ayer. Los ancianos son solo niños que se precipitaron en el tiempo, y los bebés se hacen mayores con cada pestañeo de sus padres. El amor se abandona a medio consumir y se repone por otro. Los libros breves se dejan a la mitad y los extensos, ni se abren. Los escritores ya no sienten la necesidad de

2 comentarios:

Hola, me llamo Julio David dijo...

Jaja buen final abierto-cerrado.

Saludos y saludes.

Belén Lorenzo Francisco dijo...

jajaja, gracias...
Un abrazo.